Bueno, ya lo terminé. O casi, porque este es de los juegos que te invitan a volver a los niveles con herramientas que vas desbloqueando conforme avanzás, así que hay cosas que simplemente no podés agarrar en la primera pasada. Ya lo sabía desde el principio, así que no me quedé con la sensación de haber dejado algo inconcluso.

Hay que ser honesto: los plataformas no son mi género, me causan tensión. Pero es el estrés del bueno, del que te deja con ganas de intentarlo una vez más. Lo que sí me fastidió fue mi propia falta de habilidad al momento de los saltos, no el juego en sí. El último nivel estuvo más tenso de lo normal pero tampoco me molestó, simplemente me hizo sudar más de lo que esperaba.

Lo que más me gustó es cómo están diseñados los niveles. No son para completarlos de una sola vez, sino para atravesarlos, volver con mejores herramientas y descubrir que siempre había más de una forma de llegar a los mismos lugares. Eso le da una “rejugabilidad” que no se siente forzada. Los puzzles en sí son bastante simples pero el reto está en la ejecución, que para alguien que no es del género es suficiente.

Los coleccionables al principio los confundí con decorativos pero en realidad son ingredientes para mejorar el fumigador, que es tu arma principal. Eso cambia cómo los ves, ya no los agarrás por “completismo”. Los íconos son claros y nunca estuve perdido respecto a qué me faltaba.

Un detalle que no esperaba: el juego tiene voces en francés. Tiene todo el sentido porque los Pitufos son de Bélgica, creación de Peyo. No lo sabía al momento de jugarlo y lo dejé en español, pero si lo volviera a jugar lo pondría en francés.

Fue bastante agradable volver a este universo a través de un videojuego. Tengo el segundo en mi biblioteca y el tercero lo espero en oferta. Seguiremos.